El mayor riesgo de 2026 no será cambiar, sino seguir operando como siempre

El mayor riesgo de 2026 no será cambiar, sino seguir operando como siempre

En Jelou, cerramos 2025 con un facto que para muchos todavía suena a futuro: nuestros agentes de inteligencia artificial procesaron más de 100 millones de dólares en créditos, cuentas y pagos ejecutados en un mismo sistema, sin sacar a los usuarios del chat donde ya interactúan todos los días.

Por eso, cuando Andreessen Horowitz (o a16z, uno de los fondos de inversión tech más influyentes del mundo, conocido por anticipar los grandes ciclos del software) afirmó que en 2026 el mayor riesgo para las empresas no será cambiar sus sistemas, sino seguir operando sobre ellos, la frase no nos pareció para nada exagerada.

En las últimas semanas, otras empresas comenzaron a mostrar avances que apuntan en la misma dirección, confirmando que este cambio ya está tomando forma en el mercado.

Compañías enfocadas en infraestructura de inteligencia artificial como Eleven Labs presentaron agentes de voz en tiempo real operando dentro de canales de mensajería.

En paralelo, plataformas de consumo masivo como Rappi anunciaron nuevas experiencias que permiten realizar pedidos por voz directamente desde WhatsApp

Son movimientos interesantes y necesarios. Cada uno, desde su rol, contribuye a una transformación más amplia: la conversación deja de ser solo un canal de atención y empieza a consolidarse como el espacio donde ocurren operaciones y transacciones donde se mueve el comercio y dinero.

Para Jelou, estos anuncios son una señal positiva. Son la confirmación de un cambio que venimos observando de cerca y operando en producción desde hace años. Cuando la interacción se mueve a la conversación, la infraestructura que sostiene al negocio también tiene que moverse ahí.

Cuando el riesgo deja de estar en el cambio

Por años, cambiar un sistema fue sinónimo de peligro. Migrar un core, reemplazar una plataforma crítica o tocar procesos operativos era una amenaza directa a la estabilidad del negocio.

Pero en la realidad, los sistemas legacy (o heredados) rara vez fallan de golpe. Fallan en silencio cuando no escalan, cuando no se integran bien y cuando generan fricción constante en la operación. 

En la práctica, eso se traduce en trámites que deberían resolverse en minutos terminan demorando días, clientes que deben repetir su información, validaciones que quedan “en proceso” sin explicación o equipos que intervienen manualmente para destrabar lo que el sistema no pudo completar solo. 

No es que el sistema esté roto. Es que funciona como un motor forzado: sigue andando, pero cada operación exige más tiempo, más personas y más esfuerzo del necesario.

Una relación de largo plazo con la mensajería

Para Jelou, esta lectura del cambio no nace de una predicción reciente ni de una tendencia. Nace de una relación larga con la mensajería como infraestructura.

  • En 2010, cuando la comunicación digital todavía estaba fragmentada entre BlackBerry, Android e iOS, trabajamos para conectar a todos esos usuarios en un solo canal.
  • En 2012, construimos una aplicación de mensajería cifrada para permitir transacciones seguras en un contexto donde la confianza digital aún era frágil.
  • En 2017, habilitamos a cientos de miles de personas a consultar movimientos y pagar servicios bancarios directamente desde Facebook Messenger.
  • Y hace tres años, cruzamos un umbral que durante mucho tiempo pareció improbable: abrir cuentas bancarias 100 % dentro de WhatsApp.

Visto en retrospectiva, estos hitos tecnológicos fueron señales de que la conversación era el canal donde se toman decisiones.

El error de fondo: sumar IA sin adaptar la base

Hoy, muchas empresas sienten la urgencia de implementar inteligencia artificial a sus operaciones. En la práctica, el resto no es la IA en sí, sino en cómo hacerla convivir con los sistemas que ya sostienen el negocio. 

En la práctica, esas bases siguen siendo valiosas y necesarias. El problema aparece cuando se les exige operar a una velocidad, con una complejidad y un nivel de interacción para lo que no fueron diseñadas originalmente. 

Sin una infraestructura que permita adaptar y orquestar esos sistemas existentes (en lugar de reemplazarlos), la promesa de eficiencia se rompe. Los procesos parecen automáticos, pero se fragmentan; las integraciones dependen de excepciones, y los costos crecen sin que la experiencia tenga una mejoría real.

Latinoamérica como señal adelantada

En Latinoamérica, esta tensión aparece antes porque la forma en que las personas interactúan cambió más rápido que los sistemas que intentan sostenerla.

Para millones de usuarios, WhatsApp, además de un canal de atención, es donde se paga, se contrata, se gestiona y se decide. Bancos, retailers, emprendedores y gobiernos lo usan como interfaz principal, no como complemento.

Cuando la interacción se mueve y la infraestructura no, la brecha se vuelve evidente. Esto deja de ser una discusión teórica cuando se mira la operación real:

No llegaron ahí “sumando IA”. Llegaron porque, con el soporte de Jelou AI, operan sobre sistemas diseñados para cómo las personas ya interactúan hoy.

2026 no será el año de experimentar, será el año de decidir

El debate ya no será si vale la pena transformar los sistemas. Será si esperar fue un error.

Las empresas que lleguen a ese punto seguirán operando sobre dos realidades distintas: cómo las personas ya interactúan hoy y cómo sus sistemas todavía intentan sostenerlo.

Eso es exactamente a lo que va Andreessen Horowitz: 

El mayor riesgo será seguir operando sobre bases que dejaron de encajar con el mundo real.

En Jelou, cerrar 2025 con más de 100 millones de dólares en operaciones dentro del chat no fue un objetivo en sí mismo. Fue la consecuencia natural de operar sobre sistemas diseñados para esta nueva realidad, no para remendar la anterior.

Por eso, el verdadero riesgo ya no está en moverse sino en quedarse quieto cuando el terreno ya cambió.